lunes, 31 de octubre de 2011

Cambio de planes




Sólo unos instantes antes de partir, tus ojos me recuerdan
Esa inocencia olvidada que alguna vez supo quererte
Te miro inconsciente, y entonces tu mirada me lanza un conjuro,
Y me retiene, me abraza, me sugiere el sofá
Como un remedio mágico para dejar atrás esta locura  
Yo me resisto y desarmo tu mirada, para encontrar su punto débil,
Pero es inútil, no hay nada capaz de librarme de este
Infierno florido, de este silencio eterno que nos acerca
Y no tengo alternativa… tengo que mirarte

Guardo tu cara entre mis manos, con cuidado, como si se tratara
De algo frágil, próximo a romperse… y recorro tu boca con la punta
De los dedos, con mis manos, con mi boca…
Construyo un amor desde tus ojos, y se dispersan mis dudas
Ya no hay abismos entre nosotros
Y no tengo alternativa… tengo que amarte

domingo, 4 de septiembre de 2011

El callejón del olvido




La noche se abre paso a través de un callejón vacío
el olvido camuflado en gotas de rocío
alguien a lo lejos intenta borrar las cicatrices de un corazón,
que no es más que el diario en el cual el amor escribe sus memorias

La escena ataca mis pupilas, el silencio se presta
a hacerme estallar los oídos
y aunque se lo inútil de aquella tarea
se que el amor deja un sabor distinto
en cada boca que besa

Imágenes de un amor pasado me vienen a la mente
un amor de flores y espinas
un amor que vengo a empapar de este rocío...
ahora la escena queda atrás, ya todo allí me es ajeno
 

lunes, 13 de junio de 2011

La espera

 

He dejado, a lo largo de mis años, muchos sueños al pie de mi ventana
Todos me han cumplido, ninguno me ha fallado
Pero hay uno que me es ajeno, el más cruel y el más amado
El que me persigue con vehemencia, cuando me esfuerzo, inútil, por retar al olvido
El que has creado con tus ojos, aunque aún no te haya conocido:
Encontrarte, y conquistar el mundo que hay más allá de tu mirada

sábado, 11 de junio de 2011

Te propongo algo

Te propongo algo, sentémonos de frente para poder vernos mejor, así…
Quiero recorrerte con la mirada, tomarme mi tiempo
Pero hagamos un trato, guardemos silencio, dejemos este momento intacto


Quiero aprenderme cada centímetro, para extrañarte menos cuando mis ojos no te alcancen
Saber tu cuerpo de memoria, para encontrar la mejor manera de abrazarte


Me detengo un rato en tu boca, y quiero contar con que siempre que me sienta solo vas a regalarme una sonrisa
Y  te aseguro, borraría de mi mente todos los recuerdos, si pudiera asegurarme recordar para siempre hasta el más mínimo detalle de tu mirada así, tal cual la veo ahora


Ahora quiero meterme de lleno en tus ojos, la frontera entre tu cuerpo exacto y tu belleza
Pero para conocer esa belleza necesito que confíes en mi, y me dejes pasar al otro lado
Voy a dejar de lado la memoria, los recuerdos y voy a darle un descanso a mis ojos


Ahora si, hablame, contame tus preocupaciones, tus miedos, todo lo que te haga llorar, que te acerco mis manos para que lo dejes todo ahí y te olvides,  yo me encargo


Contame de tus sueños, lo que te hace feliz, pero despacio, que necesito tiempo para conseguírtelo todo
Regalame tus secretos, que quiero conocerte tanto, como para enseñarte de vos misma
Ahora te propongo una última cosa, la mas importante:  Contá conmigo,
Que no espero el mundo ni mucho menos, sólo que por una de esas cosas de la vida, me necesites

domingo, 29 de mayo de 2011

La sentencia

                                                                      “Para quien tiene miedo, todo son ruidos”
Sófocles

Habían pasado unos instantes de la medianoche. En medio de la sala de una vieja casona del barrio de Barracas, se vislumbra con dificultad la silueta de un hombre, sentado en un sillón.
La sala era muy amplia, la más amplia de toda la casa, y aquel hombre la había elegido con un propósito específico. La única luz que se filtraba en el habitáculo provenía desde un sector de la ventana que no había sido tapado por la cortina, y por los agujeros que ésta presentaba, viniendo desde el punto más alto de la habitación, para morir, cinco metros más abajo, a centímetros del sillón.
Cualquier otro día, a estas horas, ya se habría dejado vencer por el sueño y de seguro se habría tirado a dormir en cualquier lugar de la sala, con la misma ropa que llevaba puesta, después de una de tantas noches de borrachera; pero aquella noche, de hecho, había preparado la escena para montar guardia hasta que saliera el sol, aunque escogió el sillón por si la paranoia cedía y decidía dormir un rato.
Movió el sillón ubicado junto a la ventana, hacia el centro de la sala, para no ser tomado por sorpresa en caso de que las cosas se complicaran, y lo ubicó frente a la puerta de la habitación y al lado de la luz que regalaba la ventana, para tener cubierto el flanco derecho.
Se inclinó sobre su izquierda, para alcanzar la botella medio vacía de whisky que había abierto hace un par de horas, y volvió a llenar por la mitad el vaso que tenía apoyado sobre el descaso izquierdo del asiento.  Encendió el último cigarrillo, guardó el encendedor de bencina en el bolsillo y abolló el paquete arrojándolo delante suyo, esperando que cayera en la chimenea, que hace ya más de 10 años usaba de tacho de basura provisorio.
Las pitadas al cigarrillo eran orquestadas, algunas para calmar los nervios, otras para intentar una visión más amplia del lugar; lo único que rompía el silencio casi mortuorio de la escena, era una gotera que con precisión casi cronométrica se descargaba  sobre el vaso de whisky.  
Atrás habían quedado los festejos y la algarabía del año nuevo de 1947, y el hombre recordó la situación que lo había traído a tal estado de paranoia casi insostenible.
Salió del café con una borrachera que le impedía dar varios pasos seguidos sin detenerse para no perder el equilibrio. Se sentó al volante de su Ford A y emprendió viaje de vuelta con un descontrol fuera de lo común, cuando llegando a unas pocas cuadras de su casa se topó con uno de los cinco hermanos de una familia de haitianos que vivía en el barrio, al cual atropello con violencia antes de poder reaccionar matándolo al instante.  En segundos el horror se apoderó de aquel hombre, que agachó la cabeza y volviéndose sobre sus manos entró en un estado de histeria espontánea.
La paranoia fue creciendo con las horas, pero sabía que de pasar la primera noche, paulatinamente podría recuperar el ritmo desalentador, pero ritmo al fin, de su vida normal.
Aunque paradójicamente en aquel momento era el tiempo el único enemigo, encerrado en un viejo reloj de bolsillo que el hombre consultaba de a ratos, sólo para averiguar qué, las horas de angustia restantes no eran pocas todavía; se estremecía con cada martillazo que daba el segundero de aquel descolorido reloj, que ahora permanecía apresado en su mano derecha.
De tanto en tanto le venía a la cabeza lo que se hablaba en el barrio de esa gente. Que adoraban al diablo en sus rituales, que … aprieta con fuerza las manos contra el sillón y da un salto: ¡¿Pero quién puede ser capaz de tal crueldad?! , ¡¿Quién podría vivir con la culpa de dejar a un hombre encerrado con el peor de sus demonios, sin el consuelo siquiera de una muerte rápida?! Se deja caer al suelo y, arrodillado con la cabeza entre las manos, escupe miedo camuflado en un grito luego de lo cual se recompone, y vuelve a su posición.
Después de un rato, y ya con dificultad para mantener las manos quietas, consultó nuevamente su reloj y lanzó la colilla de un nuevo cigarrillo hacia adelante, cuando notó que ésta pegó en algo varios metros antes de llegar a la pared. Se incorporó con la rapidez desincronizada que sólo nos da el miedo e intentó huir hacia el otro lado, queriendo saltar el sillón, con el cual tropezó y cayó al piso de un golpe.
Se levantó al instante cuando fue tomado por detrás, y ni la fuerza desmedida con la que contaba en ese momento lo hizo liberarse de su verdugo. Fue la silueta de un segundo hombre frente suyo lo último que vio antes de perder el conocimiento.
Horas más tarde, recobró el sentido, una gotera se desplomó sobre su rostro, dio un par de bocanadas y permaneció inmóvil por unos instantes y sacó su encendedor del bolsillo y lo encendió para caer, con el espanto de saberse vencido por sus miedos, y de que no tenía más compañía que la madera ordinaria de un ataúd improvisado, bajo la innegable soledad de la tierra fría.

miércoles, 25 de mayo de 2011

No te apures...


No te apures, hombrecito, haz tu trabajo tranquilo y sin temores
Que el tiempo, sabio consejero, es la mejor arma de un hombre
Ve siempre en paz y armonía, pero donde pises, hazlo con firmeza
Haz de tus palabras tu estandarte de guerra
Y no te quiebres ante todo lo que veas, que no serán tus ojos los que te muestran la verdadera belleza

Nunca cedas ante el miedo, no lo niegues, no sientas vergüenza
Que no es valiente quien no teme, sino quien teme y da pelea
Nunca olvides que tu padre será cuando lo necesites, tu guía
Da siempre lo mejor, aunque las fuerzas no te sobren
Que aquel que no se esfuerza tendrá siempre un alma pobre
Llora, hombrecito, si así lo deseas, nunca pierdas la oportunidad de demostrar tu hombría

Siempre ten presente que de tantas decepciones esta llena la vida
Que el amor es mal de muchos, mas no del que lo cuida
Cuida siempre de los tuyos, que tu alma no se quiebre, aunque a veces se doble
Que la mujer es frágil y es en tus manos que cabe su fuerza
Y siempre que tus brazos sean su refugio, conservaras tu endereza
Ama y sé valiente, que de valor y sentimiento se alimenta el hombre.