Hoy llueve, y vuelvo a preguntarme ¿Qué siente una gota de lluvia cuando cae?
Las observo de lejos, es todo lo que puedo hacer desde mi humilde puesto de observador detrás de la ventana, abarrotadas en el aire, peleando para tocar el suelo, la tierra, para acariciar las hojas…
Para una gota la vida es corta, pero intensa, y quizás, sólo quizás, su sabiduría nos diga que no importa cuánto vivas, sino la intensidad con que lo hagas.
De pronto, veo una bajar por el marco, abriéndose paso hacia el suelo, el mundo se detiene, somos ella y yo, nada más. En un impulso, abro la ventana y la tomo entre mis dedos, la observo inmóvil y pienso ¡Tengo tanto qué mostrarle! … pero qué le pueden importar a una gota las cosas materiales, mundanas, si su destino es mantener vivo el ciclo mismo de la vida; ¡Es ella la que tiene mucho para mostrarme!
Hemos pasado un breve, pero intenso tiempo juntos y he aprendido a quererla. Por un momento pienso en quedarme con ella, yo ya la elegí, y quizás, sólo quizás, ella también me eligió… aunque es imposible, nuestros tiempos, nuestra vida son incompatibles, ella se evaporaría antes de que pueda aprender a entenderla para amarla como se merece.
Abandono mis pensamientos y salgo al patio, el resto de ellas me golpea con fuerza, pero está a salvo conmigo, me acerco al suelo para dejarla cumplir su destino, respetando su libertad como lo hace quien ha aprendido a amar, la dejo sobre la tierra y quizás, sólo quizás, nos volvamos a ver con las primeras flores de la primavera.
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